La sala de los sellos. Parte 2
La tarde de ese día estuve viendo todas las gem-recog que pude. Logre aprender mas sobre la ciudad en una "biblioteca" de gem-recogs. Cuatrocientos años de historia para ser mas exacto. Al final del día termine con un fuerte dolor de cabeza, la cuenta de dinero en cero y con un mal presagio.
De camino a la posada rememore todo lo que había aprendido: "Ciudad Humestia es famosa por ser la mayor proveedora de gem-recogs en el mundo, por sus maestros en el arte de la unión natural y por tener un oscuro pasado.
Según mitos antiguos, se decía que hace mucho tiempo se oculto una piedra en una caverna justo debajo de la actual ciudad. Ésta contenía las memorias de un antiguo arte de la existencia que permitía al que lo practicaba curar heridas y sanar enfermedades sin necesidad de ningún medicamento. Cuando se esparció este mito en las grandes ciudades muchas empresas mineras partieron rumbo a este lugar en búsqueda de la milagrosa piedra.
El tiempo paso y pronto se establecieron comerciantes, médicos y mineros independientes. Las décadas transcurrieron y nadie encontraba la dichosa piedra, pero eso no fue razón suficiente para que los que ya se habían establecido se marcharan.
Una esperanza ferviente los hizo quedarse. Casi ochenta años después un radiestesista del pueblo se decide a buscar por si mismo la piedra. Conocido por sus habilidades en todo el lugar muchos tenían fe de que esta vez la encontrarían. Así un basto grupo de hombres se decidieron a apoyarlo y emprendieron rumbo a un lugar alejado del pueblo.
Solo un hombre regreso de esa expedición. Éste dijo que habían encontrado la caverna de la que se hablaba en el mito, pero que al tocar la piedra las rocas comenzaron a desprenderse del techo dejando sepultados a todos los hombres.
Él sobrevivió debido a que tenia problemas para respirar y el grupo decidió que no tenia que avanzar al ritmo de los demás.
Mas de veinte personas fueron las que perdieron la vida ese día. Nadie mas volvió a mencionar nunca palabra sobre la piedra de esa caverna. Sin embargo el sobreviviente no regreso con las manos vacías. Trajo consigo una piedra, no la del mito, si no una que mostraba como elaborar un objeto que podía almacenar recuerdos en el mismo.
Así nacieron las gem-recogs y fue con ellas que el pueblo tuvo su auge en economía, turismo y demás. Tiempo después se le dio el estatus de ciudad por lo que mas personas decidieron mudarse a Humestia. Los practicantes de la unión natural fueron expulsados de las montañas por el movimiento militar, así vinieron a parar a Humestia."
Al llegar a la posada pedí a la dueña que me dejara dormir en el establo del nac (lobo de gran tamaño) porque no traía mas dinero para pagarle una habitación. Ella accedió y por consiguiente me brindo un pedazo de carne para amanzar a la bestia. Entre al establo y con mucha cautela le di el trozo de carne al nac. Luego de eso no me puso atención durante toda la noche.
Tuve mucho tiempo para pensar en lo que estaba por sucederme el día de mañana. Siendo sincero conmigo tenía miedo. No sabía si me enfrentaría a esa chica o simplemente caería dormido y nunca mas despertaría. Nadie poseía mas información de la que se encontraba en esas piedras. En ese instante Ae empezó a hablarme. No lo veía, pero su voz se escuchaba desde el interior de mi cabeza.
—¿Tienes algún problema Lázaro?
—Ae esto ya se volvió complicado. Tengo miedo de que me secuestren. No sé que me harán o que me pedirán que haga.
—No debes preocuparte, mientras no digas quien eres estarás a salvo. Además si tu vida corre peligro sabes que puedes usar el sello de tu mano izquierda.
—Pero ese solo me permite encerrar en mi brazo a un individuo. ¿Qué pasara si hay mas de un implicado en estas desapariciones?
—¿A qué le temes Lázaro? Si no crees que fue suficiente lo que aprendiste de Laurel sobre la manipulación del aura, entonces te enviare a un lugar donde puedas aprender mas.
—No es eso Ae. Lo que trato de decirte es que me enfrento a algo desconocido. Necesito saber mas sobre la unión natural.
—En ese caso no pierdas tiempo. El día de mañana ve a las viejas minas. Allí encontraras a alguien que te estará esperando.
Quise seguir hablándole, pero ya no respondía. Decidí hacerle caso, en fin, sabe lo que hace. Me recoste sobre un puñado de paja y allí dormí. A la mañana siguiente un fuerte ladrido me despertó. Era el nac que estaba enloquecido por algo que sucedía afuera. Abrí las puertas y salio corriendo hacia un hombre que se encontraba enfrente de la posada con una gran saco a su espalda.
El hombre levanto su mano derecha y la puso a la altura de su cabeza, la otra mano la puso a la altura de su pecho. Parecía como si quisiese detener al gigantesco lobo. Cuando la enorme bestia estuvo lo suficiente cerca del hombre ésta se deshizo. Se volvió luz en su totalidad y pareció entrar en las manos del sujeto. Luego de desaparecer el hombre comenzó a cambiar de apariencia.
Al finalizar el cambio de forma quede estupefacto. No podía creer lo que presenciaran mis ojos. Era la viva imagen. La legendaria criatura del siglo XV cobro vida frente a mi. Terminó de estirar sus músculos y corrió hacia el norte de la ciudad. Era muy temprano y a pesar de haber pocas personas despiertas afuera solo yo quede anonadado por tal hecho.
Entre corriendo a la posada para avisarle a la dueña sobre lo que había sucedido. Ella no se altero. Es mas, me dijo que me tranquilizara. Luego de regalarme un vaso con té me dijo dijo que el nac le pertenece a su esposo y que él lleva comida a los ancianos que viven en las casas cerca de las viejas minas.
—Yo también necesito ir hacia allá.
—Entonces debes apresurarte porque solo a mi esposo dejan pasar esos guardias. Puedes intentar unirte con mi nac, es muy tranquila. Se encuentra descansando en la parte trasera.
—Lo siento señora, pero no puedo. Mejor me ire corriendo.
—¡Que cosas dices joven! Unido a su nac nadie lo alcanza.
—Used no se preocupe.— Dije, mientras me levantaba del comedor.
—En ese caso entrégale este último pedido. Se le quedó y se fue sin empacarlo.
Tome el servicio de comida, lo metí en mi bolsa y salí corriendo del lugar. Sabía que con mi velocidad jamás lo alcanzaría, así que me detuve un momento en la calle. Me concentre para expandir mi aura. El destello azul empezó a surgir y supe que ya estaba listo. Corrí y corrí hasta lograr verle la espalda. Estaba tomando los caminos mas pedregosos del lugar.
Pronto nos alejamos de las casas para entrar a un ambiente mas rural. Se dio cuenta de que lo seguía y aumento el ritmo. No iba a detenerme nunca. Al parecer solo él tenia permiso de entrar a las viejas minas. Aún no entendía el porque de los guardias que menciono la dueña de la posada, pero estaba seguro de que pronto lo sabría.
A los cinco minutos de camino llegamos a una extensa muralla. Estaba hecha de troncos de madera apilados a manera de columna. En las cercanías se veían las viejas minas las cuales habían sido excavadas durante la búsqueda de la piedra. De pronto al notar que me detuve se giro y se abalanzó sobre mi.
—¿Por qué me seguiste hasta aquí niño? —dijo la criatura mientras sujetaba mis brazos contra el suelo y mostraba sus afilados dientes.
—Su esposa me envió a darle un servicio de alimentos que se le quedó en la posada. Se lo juro —dije asustado por ver a tal criatura tan de cerca.
—Hay que apresurarnos —dijo cambiando de actitud drasticamente y extendiendo su mano—. Dámelo.
—Aqui tiene —le dije, mientras le entregaba el paquete de comida.
—Eres muy veloz niño. Luego quisiera saber como hiciste para llevarme el paso. Por ahora debo entregar esta bolsa.
—¡Espere! Debo pedirle un favor. ¿Podría entrar con usted?
—Lo lamento, pero solo a mi se me permite el acceso. Además ¿por qué razón quieres entrar a ese lugar?
—Es sencillo adentro alguien me espera.
—¿En serio? Creí ser el único con quien se llevaban esos ancianos. Bien, hablaré con los guardias para que te dejen pasar. Te lo debo.
Los guardias revisaron al licántropo y luego a mi. Terminada la revisión avisaron a los porteros que ninguno traía animales escondidos en la ropa ni en las bolsas. Le pidieron a Gévoudan que se separase del nac para entrar. Al parecer él ya sabia que debía hacerlo. Entonces hizo lo mismo que la muchacha que me ataco la ves anterior. Coloco su mano derecha en su frente y su mano izquierda en el pecho para separar el nac de su cuerpo.
Lo dejó afuera. Abrieron las murallas y entramos. Luego de pasar entregando los alimentos por cada tipi llegamos a uno que se encontraba algo alejado de las otros.
—Me imagino que como no has hablado con ninguno de los ancianos que has visto hasta ahora, el que te esta esperando debe ser el que vive en esta tienda —dijo amenazantemente.
—Exacto —dije, un poco temeroso por la manera amenazante de como lo dijo.
—¿Quién eres? —mientras bajaba la bolsa con el último servicio de alimentos—. Y mas te vale me digas la verdad.
—Mi nombre es Lázaro Andrade —exclame asustado.
—¡Te pregunte quién eres niño! —dijo, mientras me empezo a sujetar la garganta.
—¿Qué quiere que le diga? Ese es mi nombre... —faltandome el aire.
—¡Déjalo Gévoudan! —grito una voz tosca desde el interior del tipi—. Y entren ambos en este instante.
Gévoudan me soltó instantáneamente y se arrodillo para pedirle disculpas a aquella voz. Entonces me dijo que entrara al tipi si sabia lo que me convenía. Ambos nos introducimos. Dentro se encontraba un viejo decrépito fumando de una pipa.
—Ya era hora de que llegaras joven guardián —dijo el anciano.
—Espere un momento gran sabio. ¿Esta diciendo que este niño es el Alzen (guardián de Ae)? —exclamo sorprendido Gévoudan.
—Asi es muchacho. Estoy impresionado de que sigas con vida luego de intentar matarlo.
—¿Qué! Mil disculpas joven guardián —dijo Gévoudan apenado.
—¿Cómo lo supo anciano? —dije sorprendido.
Tomó su bastón y de una movida un golpe en mi cabeza.
—¡Mas respeto a tus mayores mocoso! —dijo el anciano—. Mi nombre es Mahco.
—¡Eso duele! —le grite molesto.
—El astro me dijo que vendrías. ¿Quieres respuestas no es así?
—A eso he venido.
—Gévoudan hazme el favor de dejarme el paquete de comida en la mesa.
—Con gusto Mahco.
—¿Acaso menciono que un astro le dijo que vendría?
—Eso dije Alzen. El astro que me protege me dijo que hoy entrarías en esta prisión.
—No creo en cosas de ese estilo Mahco.Dime ¿por qué están todos ustedes encerrados en este lugar?
—Todos nosotros somos chamanes de las montañas. Nos metieron a esta prisión por nuestro conocimiento. Para ellos somos demasiado peligrosos y no pueden tenernos junto con los pobladores de esta ciudad.
—¿Peligrosos? ¿En qué sentido?
—Todos nosotros sabemos llevar la unión natural a su máximo potencial. Es por eso que nos mantienen alejados de los pobladores y de los animales. Porque podemos darles el conocimiento y poder suficiente a los ciudadanos para que provoquen un golpe de estado.
—Yo soy el único al que se le permite el acceso a esta prisión —dijo Gévoudan—. Les dije a los guardias que eras sordo y que no habría problema.
—Le permiten entrar porque él solo puede usar la unión natural por dos horas como máximo —dijo Mahco haciendo sentir apenado a Gévoudan.
—Entiendo. Mahco necesito saber como vencer la unión natural. O al menos enseñame como defenderme de ella.
Mahco se quedó en silencio por un instante. Me dijo que la unión natural se logra por acción de los astros que son capaces de cambiar la forma de un ser vivo y hasta de unirlos. Me dijo que la única debilidad de este arte de la existencia es que el practicante no puede usarlo a menos que la criatura con la que se desee unir lo permita. Dejando eso de lado no hay forma de separar a la bestia del humano por voluntades externas.
Dijo que la única forma que conoce es demasiado arriesgada. Me explico que para lograrse tendría que ordenarle a un Dae (entidad maligna) que sustituyera al astro que mantenía la forma del individuo. Al hacerlo la bestia se separaría del humano, sin embargo esto era imposible. Nadie puede controlar a los Dae. Luego me dijo que no tenía nada mas que decirme y que era momento de que me marchara.
Cuando estuve a punto de salir del tipi, me dijo una última cosa: "Tu astro protector puede permitirte usar la unión natural, pero tus pensamientos aún le pertenecen al mundo Alzen." Esas palabras para mi eran un insulto. Tal cosa como esas entidades no existen. Todo tiene explicación científica y mi presencia en este mundo también la tenía.
Salí de la prisión con mas preguntas que respuestas. Cuando llegué a la ciudad ya eran como las seis de la tarde. El sol ya estaba cayendo. Mi mente estaba en otro lugar. ¿Cómo un anciano puede creer en tal cosa como esa? Creí que este mundo era diferente al mío, pero veo que es igual. El aura es la emanación electromagnética del cuerpo. ¿Qué clase de explicación tenia la unión natural? No podía tragarme eso de que los astros transformaban a las personas.
Con esos pensamientos recorrí las calles alumbradas por faroles hasta que se hizo de noche. Empecé a pensar en dirigirme a un rincón y quedarme a dormir allí. Había olvidado por completo el silencio de la noche. Aquí en esta ciudad con casas parecidas a las del siglo XX no se escuchaba ni el pasar de un roedor en la oscuridad. De repente tuve la sensación de que alguien me seguía.
Al parecer entre mis pensamientos olvide el destino que me esperaba esta noche. Quise escapar y dirigirme hacía un lugar seguro. La plaza de la ciudad mantenía a los vendedores ambulantes despiertos. Pensé que entre tantos comerciantes podría escabullirme. No obstante antes de llegar fui interceptado. Se detuvo enfrente de mí un sujeto con harapos cubriéndole todo el cuerpo.
—Te dije que nos volveríamos a encontrar y al parecer a mi amo le interesan tus recuerdos... ¡Alzen! —exclamo mientras corría en dirección hacía mi extendiendo sus garras.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Colaboradores
Seguidores
Con la tecnología de Blogger.

La tercera parte y final estará lista a final de este mes. La sala de los sellos es la primera entrega de anécdotas del guardián. Espero sea de su agrado.
ResponderEliminarclaro que si me declaro fans de esta sensacional historia de verdad me encanta fercho !! espero sea prolongada -... att Nelson fuentes
ResponderEliminar