Esa mañana se levantó sin muchas ganas de ir a la plaza. Salió del
hospedaje de Saluten Marum muy temprano. Se reunió con sus colegas a discutir
sobre lo que les esperaba en la estación de tren. Ninguno de ellos estaba
convencido de tomar el segundo tren a como lo decía el boleto. Sin embargo no
podían cambiar nada todo ya estaba establecido.
Decidió verse con ellos a la hora acordada en la estación y se
despidió. Fue a saludar por última vez a sus mejores amigos. Le dijeron que
estaban orgullosos de lo bueno que había sido mientras vivió en ese lugar y que
esperaban verlo pronto cuando tomaran ellos el tren.
Les recordó que tal vez no se verían nunca en el lugar al que iba.
Ellos le dijeron que no importaban las distancias, porque siempre los amigos se
encuentran sin importar la forma que tomen. Se despidió de ellos y se dirigió a
buscar al interventor. Vio que entregó un boleto a un sujeto que iba con harapos.
Luego de que terminara de hablar con él se le acercó para preguntarle sobre
quién había pagado su boleto.
El interventor le dijo que él ya lo sabía y que no tenía por qué
preguntarle. Además añadió que el tiempo se acercaba. Se marchó dejándolo solo
en el parque. Muchos peques jugaban allí, parecían felices y eso lo hizo feliz
también. Se preguntaba si recordaría todo lo que vivió una vez tomara el
tren.
Los que regresaban del lugar de destino nunca hablaban con los que
estaban a punto de subirse. Decían que estaba prohibido. Los jefes de estación
se encargaban de que los viajeros fueran directo al tribunal. Él sabía que el
tribunal no era un sitio para los residentes. Es más, creía que era lo justo para todos los que
habían viajado en el tren.
Ya faltaba poco para que el destino lo llamara. Antes de tomar camino
a la estación se detuvo a mirar todo a su alrededor. No existía sitio ni cosa
que no emitiera luz. Por primera vez se maravilló de lo que estaba cerca suyo.
Nunca había tomado consciencia de aquello que lo rodeaba y cuando al fin lo
hizo tuvo miedo de alejarse para siempre.
Se detuvo a pensar por un momento en desobedecer, pero algo más fuerte
le decía que debía ir a la estación. Sin más opciones se rindió al destino y
corrió hasta llegar al lugar indicado. Allí se encontró con sus colegas los
cuales ya se sentían listos para subir.
Un interventor se encontraba recibiendo los boletos de los futuros
pasajeros. Decidieron entre todos que él lo entregaría de último en caso de
arrepentirse en el instante final. Pero cuando el interventor pidió su boleto
lo entregó sin miedo.
Ya no había vuelta atrás. Las puertas que dividían la
estación del lugar donde vivió durante mucho tiempo se estaban cerrando.
Sólo podía avanzar hacia el tren que estaba deteniéndose justo en ese momento.
Siempre veía a algunos salir cuando el tren se detenía, pero esta vez nadie
salió.
Todos se imaginaban que nadie había abordado el viaje anterior, pero
eso era imposible. El jefe de estación al notar que nadie salía decidió
permitirles entrar a los nuevos transeúntes. Llegó el momento de ponerle
fin a tanta espera.
Todos entraron antes que él puesto que aún existía un poco de temor en
su interior. Cuando dio el primer dentro del vagón un sujeto con
harapos se le puso enfrente. Sus compañeros no pudieron verlo. Este sujeto se destapó el
rostro y vio a los ojos al próximo pasajero.
—Tú... ¿eres de los que vienen de regreso, verdad?
—Así es —afirmó el harapiento.
—Pero, ¿por qué bajas hasta ahora? El tren está a punto de partir.
—Mi momento en ese lugar termino. Mi vida acabo justo cuando estaba
por salir. Por eso estoy de vuelta.
— ¿No tienes miedo de que te castiguen por hablar conmigo?
—No hay porqué preocuparse. Una parte de ti ya toco el tren. Pronto
olvidaras todo.
— ¿Qué? ¡Yo no quiero olvidar este lugar!
—Deberás hacerlo. Mi nombre seria Evan iba a ser tu hermano gemelo,
pero sus planes son otros. Espero que tu estadía en ese mundo sea más larga y
prospera que la mía hermano —dijo, mientras lo apartaba para bajar del tren.
— ¡Espera un momento! ¿Los planes de quién? —volteándose para
verlo.
—Lo ves, ya estas empezando a olvidar. Te esperare aquí pacientemente.
Hasta saber tu nombre hermano —dijo empujándolo al interior del tren
antes de bajar, ya estaba comenzando a moverse.
— ¡Evan! —Gritó desde la puerta del tren comenzando a sentir algo por
ese personaje al cual nunca antes había visto— ¡No voy a irme si tú te quedas!
—exclamó saltando del tren.
— ¿Qué dices? —quedó estupefacto al verlo saltar.
En ese momento al ver semejante acto los encargados se acercaron
presurosos a él.
—El tren se puede ir sin mí —volteando la vista hacía el tren el cual
ya se encontraba adquiriendo velocidad— no puedo dejarte ir solo al tribunal,
de todos modos, somos hermanos —dijo sintiendo una conexión entre él y Evan.
— ¿Quieres acompañarme? Pero eso está prohi...
—Sé que esta prohibido—interrumpió girando luego la vista hacía los
encargados que ya estaban a unos pasos de ellos— no me importa —dijo con una
sonrisa.
Los encargados lo tomaron y estaban a punto
de llevárselo hacía un lugar del cual ni él ni ningún otro
ser habían escuchado. Entonces Evan interrumpió "¡Déjenlo! Total él
ya no será problema. A mí es a quien deben llevarse." Los encargados
se dieron cuenta de algo que Evan sabía y lo soltaron. Luego se acercaron a él.
— ¡Evan no dejare que te lleven! —exclamó corriendo hacia él.
— ¡Alto! —le ordenó uno de los dos encargados— Debe presentarse al
tribunal y tú esperar. El tren tendrá que regresar
por ti. No es permitido que te quedes.
—Hermano escúchame —dijo Evan mientras ambos encargados lo tomaban de
los brazos— Cuando regreses todo será muy claro y recuperaras tus recuerdos.
Vete te estaré esperando —finalizo mostrando una sonrisa.
—Pero Eva, Ev, E... —tartamudeo sin poder terminar su nombre mientras
se alejaban.
Luego un interventor se le acercó por el costado.
— ¿Estas bien? Pareces un poco aturdido.
— ¿Eh? Sí, estoy bien, pero el sujeto que están escoltando
hay algo que debo hacer por él —dijo señalando a Evan.
— ¿Eso crees?
—No estoy seguro, pero algo me dice que debo ayudarlo
—alejándose del interventor corrió tras el sujeto escoltado, pero
cuando ya estaba lo suficiente cerca algo lo detuvo.
El interventor caminó hacia él luego de verlo quedarse quieto un
momento.
— ¿Qué te ha detenido? —dijo con tristeza en su voz.
—No lo sé, me siento muy mal y por eso he dejado de correr. ¿Por qué
ese sujeto va contento?
—Va al tribunal —contestó el interventor— y tú vas a tomar un tren
¿verdad? —dijo entristeciendo.
— ¡Cierto! Hoy he venido a tomar el tren —dijo recobrando el ánimo.
—Pues tienes mucha suerte en este instante está llegando uno —en ese
momento un vagón se detuvo al lado de ambos.
—Parece que seré el primero en subir —dijo sorprendido
acercándose a la puerta ya abierta— por cierto, —giró la vista estando ya
en la puerta— ¿cuál es su nombre interventor?
—Morfeo — un momento después agitó su mano lentamente
despidiéndose de él.
El transeúnte se despidió amablemente de él y se introdujo en el
vagón. Notó que era el único pasajero. No se preguntó la razón pues ya nada
pasaba por su mente. Mientras el tren aceleraba él iba olvidando de donde
venía, que había hecho, como había llegado hasta allí y a quienes había
conocido.


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