La orilla de la brana

En el borde del cosmos, límite del pequeño infinito que contiene a ésta brana se encontraron ambos. Había sido un extenuante camino para el viajero quien pedía respuesta a su suplica ante la entidad. Ésta voz le advirtió al viajero que el precio del tiempo es inmenso. De repente el humano empezó a envejecer como si los segundos fuesen décadas. Presuroso se acercó a la orilla y tocando la tela que apartaba un universo de otro suscitó su deseo. Aquella entidad lo observó desvoronarse en motas de polvo centelleantes.

—Que curioso era este ser... —se dijo aquella voz un poco confundida— pudo pedirme cualquier locura que se le ocurriese. Sin embargo pidió vida eterna y ni siquiera uso el deseo para si mismo. Pareciera que los humanos perdiesen la cordura por amor.




No hay comentarios:

Publicar un comentario

Colaboradores

Seguidores

Con la tecnología de Blogger.